El incómodo asiento de las bayonetas
Miguel Ángel Sánchez de Armas



Hicieron un desierto y le llamaron “paz”.
Tácito, al comentar la conquista romana de Bretaña.



Gracias a mi querido Manolo Cruz, quien a su vez lo recibió de Nelson Devegas, llegó a mi mesa de trabajo el espléndido artículo del colega Alejandro Gómez, periodista norteamericano, que a continuación reproduzco. Mis lectores encontrarán una clara línea de parentesco con una entrega anterior, “La Academia va a la guerra”. Son evidencias de una cada vez más extendida forma de pensar acerca del papel de los poderosos en un mundo complejo que no se puede entender desde la simpleza de la política del poder.


“Napoleón explica a su canciller, el pragmático y sagaz Talleyrand, su estrategia para consolidar la ocupación de España, y este le responde: “'Sire, las bayonetas sirven para muchas cosas, menos para sentarse sobre ellas”'. Dos siglos después la historia sigue demostrando que la fuerza sola es insuficiente para controlar una situación de crisis y fundar una sociedad nueva.


“La semana que termina, el Pentágono ha reconocido que no había vínculos entre Saddam Hussein y Al Qaida y el ex presidente español José María Aznar se ha enterado, finalmente, de que no había armas de destrucción masiva en Irak. Si bien nadie objeta lo criminal de la dictadura de Saddam Hussein, desde el punto de vista de la seguridad de Occidente la invasión a Irak no era necesaria. Y hoy se puede decir que Occidente está menos seguro gracias a ello.


“En algunas redacciones se suele decir, bromeando, “'no dejes que la realidad te arruine un buen título”'. En este caso, el titular fue la invasión, decidida primero para después buscar la razón de hacerlo. Los amigos de Estados Unidos, desde el chileno Ricardo Lagos hasta el francés Jacques Chirac, pasando por el mexicano Vicente Fox, advirtieron que se cometía un error de consecuencias graves.


“Nadie está exento de errores, pero no se puede buscar la solución a la crisis que estos provocaron profundizándolos. El aislamiento de Estados Unidos ha contribuido, y mucho, a agravar la situación en el Medio Oriente. Una política de alianzas diplomáticas y militares, como las que tejió Bush padre en la Guerra del Golfo, hubiera evitado muchas de las consecuencias. Bush padre también dio muestras de entender los límites de la fortaleza militar cuando no quiso tomar Bagdad y derrocar a Saddam Hussein, cosa que obviamente podía.


“La escalada verbal entre Washington y Teherán se parece, peligrosamente, a las vísperas de la invasión a Irak y, si no se detiene, la gravedad de la crisis podría alcanzar niveles inéditos. Está claro que Estados Unidos es la única superpotencia del mundo, pero eso no alcanza para solucionar los problemas de una región tan explosiva como el Medio Oriente.


“Hay que resolver el aislamiento volviendo a la alianza occidental con la Unión Europea, cuyos países tienen influencia en el Medio Oriente. Y, aunque sea con un pañuelo en la nariz, sentarse a la mesa con Irán y Siria, como ha propuesto la comisión presidida por James Baker.


“Por otra parte, terminada la guerra fría y desaparecida la Unión Soviética, que apoyaba a los árabes contra Israel, Washington debe dejar de ser un aliado para transformarse, realmente, en un mediador. Porque en esa región están las raíces de muchos de los conflictos que hoy amenazan al mundo.


“Una inteligente poetisa inglesa que gobernó a Irak en los años 20 dejó dicho que la única solución a los conflictos era la creación de tres estados, sunita, kurdo y chiita, tres comunidades que no están dispuestas a entenderse democráticamente. Porque la democracia es, ante todo, un concepto cultural de tolerancia y pluralismo y no hay número de soldados suficientes para implantarla en un país donde se mata masivamente por fanatismo religioso.


“Manuel Rocha, brillante y experimentado diplomático estadounidense, hoy retirado, a quien es imposible acusar de falta de patriotismo, tuvo la honestidad de decirle a Oscar Haza en el programa A mano limpia, que la guerra de Irak era un total derrota y no había manera de ganarla.


“Todo indica que ha llegado la hora de dar una oportunidad a la política y a la diplomacia. Porque los efectos de la guerra de Irak ya se sienten con fuerza dentro de los Estados Unidos. Como botón de muestra, en un presupuesto que pide $600,000 millones para el Pentágono se le recortan más de $300 millones a los hospitales Jackson y Miami Children's. Y en el horizonte asoman las amenazas al Medicare y al Medicaid, instituciones dedicadas a proteger la salud de retirados y personas sin recursos.”


Mis más sentidas gracias para Alejandro Gómez.







sanchezdearmas@gmail.com