¿Para qué sirve la literatura? IV

Miguel Ángel Sánchez de Armas



De nuevo estoy en problemas. Mi única y limpia intención con esta serie es demostrar científicamente que la literatura sí tiene una utilidad social. Que no es cierto, como sostiene ferozmente mi abuela, que sea refugio de holgazanes y buenos para nada, de embozados enemigos del trabajo, las buenas costumbres y la decencia. Invoca esta anciana como ejemplo la valerosa denuncia contra Aura que en defensa de sus hijos recientemente hiciera nuestro ministro del interior. ¿Qué puedo responder a eso?


Pues bien, mi buzón rebosa nuevamente con denuestos enviados desde las comarcas más distantes. ¡Helas, difícil es la vida de quienes nos negamos a los convencionalismos! Pero no cejaré en mi cruzada. De entre el correo rescato una misiva que, aunque cordial, me asesta severas aclaraciones.


“Leí tu columna y me enterneció. No debes agradecerme el comentario porque no se trata de un halago. Me parece que está sobrada de ingenuidad. ¿Quieres decir que los escritores que salen en defensa de los derechos humanos, los que se manifiestan en contra de las dictaduras y el despotismo, contra la corrupción, los que defienden las causas sociales son buenos escritores? ¿Y, a contrapelo, los ‘escritores de estado’, los intelectuales orgánicos, como diría el olvidado Gramsci son unos palurdos que no hacen literatura, sino libelos? Me temo que no. Sartre decía que el marxismo nos enseña por qué Paul Valéry es un escritor pequeñoburgués pero no nos enseña por que no todos los pequeñoburgueses son Valéry. Que desde mi punto de vista resulten poco respetables o poco dignos los escritores que se ponen al servicio de un régimen no les resta necesariamente valor literario.


“A Borges lo señalaron en innumerables ocasiones por avalar al régimen, casi querían que fuera un revolucionario pasados los 80 años. ¿Eso le restó valor o calidad a su producción? ¿Le quitó su sitio en la literatura no sólo latinoamericana sino universal? No creo. Guillermo Cabrera Infante declaró en mucho tonos su desacuerdo con Castro cuando los marxistas apostaban por la probidad y el liderazgo histórico del Comandante, lo cual no mermó un céntimo la creatividad del autor de Tres tristes tigres. Pero también tenemos especies locales y no sólo entre los escritores. Ahora mismo me viene a la mente un cartonista que me parece el príncipe de los sofistas, que publica los domingos en conocido diario del D.F., pero tiene mucho éxito y creo que debe ser muy leído. No niego su creatividad y su inteligencia para presentar sus argumentos que son muy, pero muy reaccionarios. Uno de nuestros mejores historiadores vocifera su posición política con una frase no exenta de ingenio y el ‘mesías tropical’ adquiere connotaciones prácticamente académicas sólo porque la acuñó Krauze, mientras muy pocos se atreven a rebatir sus argumentos que aparentemente no tienen nada que ver con sus muy conocidos vínculos con la más importante empresa de comunicación televisiva en México. Elena Poniatowska es más reconocida por ser escritora que por ser perredista. Claro que quienes no la respetan como escritora osan decirle ‘pobre señora’ porque la ignorancia es atrevida.


“También pienso en Ernesto Cardenal o en Nicolás Guillén que encajarían en la categoría de lo que llamas ‘escritores de estado’. ¿Te acuerdas del poema de Guillén que haciendo loa del naciente régimen castrista decía ‘Cuando me veo y toco / yo, Juan sin Nada nomás ayer / y hoy Juan con Todo / y hoy con todo / vuelvo los ojos, miro / me veo y toco / y me pregunto cómo ha podido ser (....)Tengo, vamos a ver / tengo lo que tenía que tener’. El poema, que por pereza no transcribo completo, es una belleza. Quién sabe si sea verdad, pero Guillén primero era poeta y luego publicista de Fidel Castro, y no luego, sino quizá por último.


“En fin, que me parece que cuando un escritor se pone al servicio de ‘causas políticas’ o decide convertirse en un ‘luchador social’, sigue escribiendo, pero sus libros sólo serán literatura si es buen escritor. Ayudará más o menos a su causa si escribe bien. Mi conclusión es que la enseñanza del marxismo de que no existe neutralidad es vigente. Todos adoptan una posición política, pero eso no los define como escritores. Simplemente hay buenos y malos escritores, cuya elección política toma rumbos inciertos”.


Respondo: “Y sin embargo, se mueve...”



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